El rol del estado en la construcción de sentidos. El caso YPF


Por Hernán M. Palermo y Analía M. García

Hegemonía neoliberal. La privatización como resultado inevitable
Con la irrupción del gobierno militar en 1976 se abrió el camino hacia el proceso de privatización de las empresas públicas y en particular de YPF. El sistema consistió en implementar, tras sucesivos decretos, la privatización periférica de numerosos servicios, el despido de trabajadores y la persecución a sectores populares (Azpiazu, 2004) que obstaculizaban los proyectos del gobierno militar. (…) , se hizo frecuente la aparición de los contratos con empresas privadas de perforación, terminación y reparación de pozos, a precios muy superiores a los costos que, por igual tarea, realizaba YPF e incluso con notorias deficiencias técnicas.(…) las políticas de los sucesivos gobiernos llevaron a YPF a un fuerte proceso de endeudamiento(…) de 324 millones de dólares en 1975 a 5.700 millones en 1983 (…). El déficit se originaba, además, por los bajos precios que la empresa recibía por sus productos. Los contratos que YPF firmaba con empresas privadas, como dijimos antes, siempre eran ventajosas para estos últimos (…) dejaban que las empresas privadas trabajaran en zonas más pobladas, y por ende con menores costos, y se dejaba YPF en regiones periféricas en donde los costos eran mayores. Además los activos de la empresa, en muchas ocasiones se usaban para cubrir déficit de otras empresas estatales. (…)

 En 1983, cuando Alfonsín asume la presidencia de la Nación, YPF era una empresa gigantesca con un enorme déficit. En los años ochenta era la empresa argentina más grande y se ubicaba cuarta entre las latinoamericanas, por sus ventas. Sin embargo acumulaba (…)un déficit (…) equivalente al 70% de sus ventas, y una deuda externa de 5.400 millones de dólares.(…); el Petroplán, otro plan que abría licitaciones a capital privado, había sido suspendido debido a las protestas y críticas de varios sectores del radicalismo que criticaron duramente este plan por cuanto significaba ir en contra de la posición ideológica histórica de la UCR, en cuanto a no aceptar la entrega bajo la forma de concesión de áreas productivas de YPF. En ese entonces fue mencionada por primera vez la posibilidad de vender acciones de YPF. El principal argumento era el déficit del cual el Estado no podía ya hacerse cargo. De esta forma se fortalecieron los discursos a favor de la desregulación y la privatización. (…)

La privatización tuvo su primera expresión concreta en 1989, con la conversión de YPF a Sociedad Anónima, y con el “Plan de transformación global”, elaborado para el sector por José Estenssoro, empresario petrolero privado. El proceso privatizador y de desregulación petrolera creó mercados competitivos en las distintas etapas de la actividad, abriendo al comercio internacional y mejorando el nivel de eficiencia productiva de YPF. Los principales instrumentos de estas políticas fueron la privatización de las reservas, la profunda racionalización de personal, la desregulación de los precios, la eliminación de trabas al comercio exterior, la reducción de alícuotas impositivas a los combustibles y la privatización de YPF. Cabe señalar que hasta la desregulación de los noventa, los contratistas de YPF no disponían del petróleo libremente, ya que debían entregarlo obligatoriamente a la empresa estatal, y tampoco las refinerías privadas podían comprar libremente el petróleo para elaborarlo.

En el caso de la Refinería La Plata como en el caso de Administración Plaza Huincul (exploración, explotación y refinería), la racionalización del personal  a través de la reducción abrupta del número de trabajadores mediante políticas de despido, tercerización de la fuerza de trabajo y nuevas leyes laborales, allanó el camino para la elaboración de nuevos convenios colectivos de trabajo. (…)

Mientras el pacto keynesiano basado en la sustitución de importaciones se sostuvo como modelo hegemónico, YPF apareció como un fiel representante de éste. Es decir, como un espacio desmercantilizado que cumplía diferentes papeles:

1) como espacio de redistribución hacia la clase trabajadora y hacia las economías regionales.
2) como modelo de ocupación territorial por parte del Estado en términos de “federalismo”
3) como aliciente y proveedor de insumos básicos a las plantas industriales.
4) como representante de la soberanía del Estado sobre sus recursos naturales.

En los ´90, el papel que cumplía el Estado, como regulador de los intereses del mercado y como herramienta de cambio y transformación igualitaria, se quiebra. Históricamente YPF se ha configurado como un actor dominante que se despliega más allá del espacio de producción, se inserta en instancias de reproducción de los trabajadores y se constituye como actor central en la organización social territorial. La privatización de  YPF se vio acompañada de mecanismos objetivados de universalidad a fin de imponer una ideología particular –el neoliberalismo-, a partir de una recreación y una relectura  del “valor” social y económico de YP F. En tal sentido, el discurso que se impone con valor de verdad desde la hegemonía neoliberal se centra en la necesidad de “achicar” el Estado, anular su rol como agente económico productor –la producción corresponde a la esfera privada-, y la generalización de que toda empresa pública es deficitaria perse. (…) De esta manera, la explotación de hidrocarburos, debe someterse a la lógica económica de la rentabilidad, más allá de cualquier consideración sobre las economías regionales y los espacios sociales que se recrea:

“Había que sacarle el sobrante a la Empresa. Todo aquello que le impedía ser absolutamente ágil. En fin, lograr una Empresa que fuera integrada, equilibrada y rentable. Una empresa de derecho privado, de capital abierto y que cotizara sus acciones en la bolsa. Queríamos una YPF empresa económicamente más poderosa y tal vez no tan grande.” (José Estensoro. Memoria y Balance General. 1991)

Esto implica una reconstrucción del valor social de YPF, que, de manera paradójica, se traslada a los sujetos sociales involucrados. Así, por ejemplo, aparece la categoría de “cultura ypefiana” con una carga estigmatizada:

 “…lo normal era que YPF resolviera no sólo problemas de empleo con buenos salarios sino que implementaba políticas sociales destinadas a resolver problemas médico asistenciales, educacionales, turísticos, etc., lo cual constituyó un modo cultural en la región.” (Plan Director de Empleo, Cutral Co y Plaza Huincul. Universidad de Quilmes,1997:9)

“Cutral Co y Plaza Huincul necesitan de un nuevo destino, ya no más ligado a YPF como la madre que amamanta, sino como el adulto, que conserva su historia y construye el presente con la mirada en un proyecto de futuro. Esa debería ser la nueva cultura.” (Estrategias de Desarrollo. Microregión Cutral Co y Plaza Huincul. Neuquén, pág. 5)

Si bien, este punto puede discutirse en términos de su efectividad real, lo cierto es que tanto la política empresaria como la promoción de las provincias productoras de petróleo siempre sostuvo el lema de “industrialización en origen” como mecanismo regulador y modelo de ocupación territorial.                                                       

En el caso de Cutral Co y Plaza Huincul aquí mencionados, la  desestructuración del sistema de dominación, sin una prevención por parte del Estado, tuvo claras consecuencias sobre las poblaciones. Más precisamente lo que se recalca desde el discurso institucional es una relación de “dependencia” que se interpreta como un “modo cultural” que debe ser trasmutado hacia una nueva lógica que genere una “nueva cultura”. Esta nueva lógica es la lógica del mercado. De esta forma, los sujetos que “encarnaban” un símbolo de soberanía nacional, son re definidos a  partir de relaciones paternalistas, y se construye un discurso basado en significados peyorativos para indicar una relación con pasado que se ha extendido hacia el presente. El pasado queda así estigmatizado.

Luego de la crisis de 2001, y teniendo en cuenta el actual contexto mundial, y particularmente el latinoamericano en términos de las disputas por el control del recurso petrolero y la generación de energía, sentidos que en la década de los ´90 resultaban de una impronta negativa vuelven a salir a la luz en el espacio público. (…)

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